Master class tras master class, catas con el global brand ambassador y charlas con el master distiller, todo en la destilería del segundo malt whisky del mundo… Suena bastante serio y no estoy del todo seguro qué esperar del Whisky School de The Glenlivet… Aunque, con whisky y otros aficionados tiene que ser divertido, ¿no? Poco sabía lo que me esperaba.
Rodeado por el bello valle de Spey, con un tiempo estupendo, unos 15 grados sin lluvia, entré en la destilería para conocer a mis compañeros, los Guardianes de Glenlivet. Sorprendentemente, veníamos de sitios muy dispersos: de Estados Unidos, Bélgica, Finlandia e Inglaterra.
Empezamos con marcha, visitando la destilería, para ver, tocar y probar todo el proceso de hacer alcohol. Es una experiencia única, los aromas de la destilería que después se encuentran en el whisky completan el círculo; es la base de la impresión del whisky. Si todavía no has visitado una, ¡coge el próximo avión!
Nada más acabar la visita, por fin, momento para la primera cata. ¡Impresionante!, catamos toda la gama básica; 12 años, 15 años, 18 años, 21 años 25 años y Nàdurra (principalmente se encuentra en duty free). Un cross range muy valorado, esencial para apreciar las diferencias de cada whisky, y ver la influencia del tiempo en barril. Tras charlar terminando nuestros whiskys favoritos, fuimos a nuestro alojamiento, en el Minmore house. Allí me esperaba, no sólo una miniatura de whisky, sino también ¡un kilt!
Un baño largo y caliente, con un whisky, me preparó para la dura tarea de ponerme el kilt con su chaqueta, calcetines, zapatos y accesorios. El baño no fue buena idea, ¡el kilt abriga mucho más de lo que parece! Hecho un gentleman bajé a disfrutar de una cena y noche al mejor estilo escocés.
El bar de Minmore house cuenta con bastante más de 100 whiskys: el problema no era beber, si no qué beber. Tuve que pedir un whisky para tener algo que disfrutar mientras decidía cual elegir… Y al final, ¡vaya whiskys he probado!
Al día siguiente fuimos a Speyside’s Cooperage. ¡Los chicos que trabajan allí son de otra madera! Es un trabajo artesanal, manual y muy duro. Además, se paga por resultados, no por horas, así que trabajan como demonios. Son los héroes: sin barriles, no habría whisky. Es muy difícil reemplazar los barriles de roble en el proceso de maduración; es la mayor influencia en el sabor, de un 65 a 75%, o más, dicen.
Continuamos el día: destilación en el sma’ still (un alambique de unos 50 litros), catas de new make (alcohol directamente de los alambiques y de varios años de maduración: 5,10 y 15), teoría de fermentación, destilación y maduración, y alguna cata más. Todo para seguir la evolución del sabor del whisky. Algo realmente útil para entender de dónde vienen los sabores y cómo cambian.
Como era Halloween, acabamos pronto para llegar a Minmore house, que ya estaba cubierto por la oscuridad y dentro sólo había velas, y los vampiros y brujas se habían apoderado de la casa…
Era cuestión de tiempo y de algunos tragos de poción mágica que todos nos convirtiéramos en criaturas de la noche, gracias a pelucas y a una artista de pintura facial. Todos sobrevivimos la noche… debe ser por el consumo del agua de la vida.
El último día todo parecía poco en comparación con la visita al warehouse 1. Es donde guardan los barriles que se convierten en botellas de Cellar Collection. Es un “dunnage” en toda regla, con suelo de tierra, paredes de piedra de casi dos pies, llenas de moho. Los barriles llevan allí varias décadas, han pasado de ser whisky bueno a un néctar…
Ian Logan, el global brand ambassador, abrió un barril sin miedo, y empezó a poner un dram a todo el mundo. A primera vista no olía mucho, en boca era fenomenal, sedoso, algo espeso (dada la baja temperatura). Con dos, tres gotas de agua se abrió tremendamente. La nariz era llena de matices y en la boca sensacional. Beberlo allí, en el dunnage, era una experiencia única que nunca olvidaré.
Mi primer whisky de malta fue un Glenlivet 12 años. Me pareció bien que la primera visita a una destilería fuese The Glenlivet. Y fue fenomenal, han superado con creces mis expectativas. Han sido tres días realmente fantásticos. Lo recomiendo a todos los Guardianes de Glenlivet; el próximo año, ¡asegúrate de reservar una plaza!
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