Laphroaig, mi primer amor…
Laphroaig 10 años ha sido el culpable de mi interés en el whisky. Bastó con un dram, unas pocas gotas, y me tenía cautivado. Humo, turba, yodo, algas, medicinal. Sabores fuertes y obvios que forman su carácter. Un carácter para odiar o amar, por lo menos es lo que suelen decir. No entiendo cómo se puede odiar…
No sé qué sentimiento tenía el primer dueño de la destilería cuando se encontró cara a cara con la muerte, ahogándose en un barril de whisky a medio hacer. Pudo ser cualquiera, odio o amor, en todos los casos, hay peores maneras de dejar este mundo.
Cata del Laphroaig 15 yo
Me agarro para una viaje du turba y humo, por sorpresa, la nariz no es tan aplastante como podría pensar. Hay turba y humo, pero no tan fuerte, deja paso a otras aromas, y esto sí, es de sorpresa, mazapán. Complejo, con registros desde fruta hasta alquitrán.
En boca es cremoso, aceitoso, dulce, ahumado, con yodo y sal, rastro de algas, y una impresión general de suave y apetecible. De un poco más profundidad surgen malta y madera, dejando paso a un postgusto seco, especiado y lo más ligeramente salado.
Conclusión
No tan intenso como el hermanito de 10 años, más maduro y más complejo, suave y refinado. Algo más accesible para los que todavía no se han hecho fanáticos de Islay. Un dram fantástico para un fin de semana tranquilo, para disfrutar dos o tres medidas, sin preocuparse de lo que queda en la botella. Entra tranquilamente en los 90 puntos, y quizás no puedo ser objetivo, pero merece unos 93 puntos.




